
-Pero los seres humanos dominan el planeta -Insistió Buchanan-. Le guste o no.
-¿Seguro? En este momento lo dominan los yrr. Baje de una vez a la realidad. Ya no somos un pequeño grupo de la clase de los mamíferos que la evolución considera uno de sus éxitos, ni mucho menos. Los mamíferos más exitosos son los murciélagos, las ratas y los antílopes. No representamos el último eslabón, la cima de la historia de la Tierra; somos un eslabón cualquiera. En la naturaleza no existe una tendencia a las épocas cumbre, solo existe la selección. Puede que en ciertas épocas se dé una mayor complejidad física e intelectual en una especie del planeta, pero, observado en conjunto, eso no es una tendencia, y mucho menos un progreso. En general, la vida no tiende al progreso. Añade al espacio ecológico elementos complejos pero a la vez conserva por ejemplo la forma simple de las bacterias desde hace tres mil millones de años. La vida no tiene ningún motivo para querer mejorar algo.
-¿Como compatibiliza lo que está diciendo con el plan de Dios? -le preguntó Buchaman casi amenazándola.
-Si existe Dios y es un dios inteligente, organizó el mundo tal como lo he descrito. Por tanto, no somos su obra maestra sino una variante que sólo sobrevivirá si asume que es solo una de las innumerables posibilidades.
-¿Ya también quiere poner en duda que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza?
-¿Es usted tan obtuso que ni siquiera considera la posibilidad de que haya creado a los yrr a su imagen y semejanza? -. Esta discusión no tiene sentido, querido amigo. Son los individuos sumamente especializados como el ser humano los que se extinguen por los cambios extremos, porque no son capaces de adaptarse. Un koala es complejo solo puede comer hojas de eucalipto. ¿Qué hace si el eucalipto se extingue? Él también muere. La mayoría de los unicelulares, en cambio, soportan glaciaciones y erupciones volcánicas, y también el exceso de oxigeno o de metano; además pueden subsistir durante milenios en estado de letargo y volver a despertar a la vida. Las bacterias viven en piedras a kilómetros de profundidad, cerca de fuentes hirvientes, en los glaciares... Nosotros no podríamos subsistir sin ellas, pero ellas podrían subsistir muy bien sin nosotros. Incluso hoy día el oxigeno del aire es un producto de las bacterias. Gracias a la actividad de los microorganismos podemos volver a utilizar los elementos que determinan nuestra vida: el oxigeno, el nitrógeno, el fosfora, el azufre, el carbono. Las bacterias, los hongos, los unicelulares, los pequeños carroñeros, los insectos y los gusanos metabolizan las plantas y los animales muertos y vuelven a transferir sus componentes químicos al sistema integral de la vida. Y en el océano sucede lo mismo que en la tierra. En los mares, los microorganismos son la forma de vida dominante.
-No puede comparar a un ser humano con un microbio -gruñó Buchanan-. El ser humano tiene otra importancia. Si no comprende eso, ¿para que esta en nuestro equipo?
-¡Para hacer lo correcto!
-Sus propias palabras traicionan la causa de la humanidad.
-No, es el ser humano el que traiciona la causa del mundo, estableciendo una gran desproporción entre las formas de vida y su importancia. Es la única especie que lo hace. Nosotros evaluamos: hay animales malos, animales importantes, animales útiles- Juzgamos la naturaleza según lo que vemos, pero lo que vemos es un fragmento ínfimo al que le atribuimos una importancia excesiva. Nuestra percepción está orientada a los animales grandes y vemos vertebrados por todas partes. El caso es que el número total de especies de vertebrados descritas científicamente asciende a casi cuarenta y tres mil, entre las cuales hay más de seis mil especies de reptiles, cerca de diez mil especies de aves y aproximadamente cuatro mil especies de mamíferos. En cambio, hasta ahora se han descrito casi un millón de invertebrados; entre ellos hay doscientas noventa mil especies de coleópteros, lo que supera en siete veces a todas las especies de vertebrados..
-No somos un logro de la evolución -Dijo Crowe-. Si quiere ver logros, observe a los tiburones. Existen desde el Devónico, desde hace cuatrocientos millones de años, y no han cambiado su forma. Son cien veces más viejos que cualquier ancestro del ser humano, y hay trescientas cincuenta especies. Pero es posible que los yrr sean todavía más viejos. Si son unicelulares y si encontraron un truco para pensar colectivamente, están muchísimo más adelantados que nosotros. Nunca los alcanzaremos. Como mucho podemos matarlos. ¿Pero quiere arriesgarse a eso? ¿Sabemos qué importancia tienen esos seres para nuestra existencia? Quizá con este enemigo lleguemos a vivir tan poco como sin él.