jueves, 30 de junio de 2011

El apoyo mutuo según Kropotkin

El estado entendido como un conjunto de instituciones que poseen el poder para regular la vida cotidiana de las personas se contrapone con el concepto de anarquismo. El estado en primer lugar mantiene una jerarquización en la sociedad. Mediante la jerarquía establece la autoridad y ejerce el control social. El anarquismo sostiene que los seres humanos poseen la capacidad para autoorganizarse y poder responder a sus propios intereses y problemáticas de cada uno mismo y de la sociedad en la que se encuentran sin tener que recurrir a otras personas que posean mayores privilegios que el resto. El anarquista entiende que mediante la cooperación y la ayuda mutua entre las personas como iguales y sin rangos sociales de autoridad se lleva a cabo una sociedad libertaria.

Existen diferentes tipos de vista para entender el anarquismo. Sin embargo uno de los que creó una gran polémica fue el comunismo libertario o anarcocomunismo. Esta vertiente fue desarrollada por el ruso Piotr Kropotkin el cual fue influenciado por el espíritu positivista y naturalista de su tiempo. Darwin con su teoría de la evolución repercutió en las ideas posteriores de Kropotkin. “Por eso Darwin tuvo perfecta razón cuando vio en las cualidades sociales de los hombres la principal fuerza activa de su desarrollo máximo”.[1] Bajo el punto de vista de Piotr Kropotkin el ser humano ha evolucionado a lo largo del tiempo a través de la ayuda mutua, a sí como otras especies animales.

“Darwin comprendió también que los monos que viven aislados nunca podrían haberse desarrollado en seres antropoides, y estaba inclinado a considerar al hombre como descendiente de alguna especie de mono, comparativamente débil, pero indefectiblemente social, como el chimpancé, y no de una especie más fuerte, pero insociable, como el gorila.”[2] Mediante esta afirmación apoyada por las teorías darwinianas Kropotkin hace ver cómo lo que nos ha hecho progresar a lo largo del tiempo es nuestra capacidad de socialización y la solidaridad, y no la individualidad y el egoísmo.

Voy a centrarme en una de las obras Kropotkin donde expone su punto de vista respecto a la evolución de los seres vivos y como sin la ayuda mutua esta evolución no podría haberse producido: “Sin esa solidaridad del individuo con la especie, nunca el mundo animal se hubiera desarrollado ni perfeccionado. El ser más adelantado en la tierra, sería aún uno de esos pequeños grumos que flotan en las aguas y que apenas se perciben con el microscopio. No existirían las primeras agregaciones de células.”[3] El ser humano como individuo aislado es débil y necesita unirse a otros en colectividades para enfrentarse a los problemas que la naturaleza le presenta. El desarrollo de la humanidad se explica mediante este hecho. Sin la ayuda mutua el ser humano no hubiera podrido sobrevivir al medio, al igual que otras especies que se encuentran hoy en nuestros días. Es por ello que a través de este apoyo mutuo y de la solidaridad los seres humanos hemos podido sobrevivir hasta la actualidad.

Mediante la socialización primaria los seres humanos a partir de los padres y de los familiares más cercanos aprendemos comportamientos sociales para poder actuar de acuerdo a la sociedad. Esta socialización es la primera forma de apoyo mutuo que nos encontramos al nacer. Ya que a partir de estas pautas que recibimos de nuestros padres hacen que podamos sobrevivir pues son un claro elemento de ayuda para nuestra futura forma de relación con los demás seres humanos que convivirán con nosotros.

El apoyo mutuo también se puede observar en la forma que tiene el ser humano de relacionarse entre sí. Los seres humanos nos apoyamos en los demás individuos de la sociedad que conviven con nosotros para llevar a cabo nuestras actividades a lo largo de toda nuestra vida.

A partir la ayuda mutua y la solidaridad que Kropotkin entiende como “natural” para el desarrollo y la evolución de la vida, comienza a cuestionarse la forma mediante la que se encuentra organizadas las sociedades modernas. Desmiente de igual forma mediante datos históricos la teoría de que el estado es necesario para la organización de las sociedades humanas basándose en las distintas formas de organización comunal que se han dado a lo largo de toda la historia de la humanidad. Según su punto de vista el momento donde se “aplastan” las comunas es en el S. XVI.

Kropotkin a través de los estudios de civilizaciones pasadas y actuales denominadas “primitivas” o “salvajes”, pone de manifiesto y las compara con la organización de las sociedades actuales en las que vivimos.

Las sociedades en un principio estaban compuesta por clanes donde la importancia de la supervivencia residía en el grupo. De esta forma todos los que se encontraban dentro del grupo se sacrificaban por y para el. Cualquier comportamiento u acto que cada individuo realizara en el grupo influía en toda la tribu o clan. Estaban dirigidos por normas o reglas basadas en supersticiones y en la religión. Es por ello que cada uno de estos individuos tiene por tanto una serie de autolimitaciones que vienen impuestas por la propia cultura y que les lleva, entre otras cosas, a sacrificarse por el bienestar propio y del grupo.

“Si el salvaje accidentalmente ha herido a alguien de su propio clan, y de tal modo ha cometido el mayor de los delitos, se convierte en hombre completamente desdichado: huye al bosque y está dispuesto a terminar consigo si la tribu no lo absuelve de la culpa. Provocándole algún dolor físico o vertiendo cierta cantidad de su propia sangre.”[4]

En esta afirmación Kropotkin expone la idea del ostracismo en una comunidad. Es decir, desterrar al individuo para asegurar el bienestar de la sociedad en la que se encuentra al realizar un acto desdeñable que se considera como negativo por las personas que se encuentran en la agrupación en concreto. Es por ello que ningún individuo querría cometer un delito grave en estas comunidades ya que la soledad y la indiferencia que le propinaría la sociedad en la que se encuentra, acompañada a su vez de vergüenza y culpabilidad, haría que este hecho provocará en el sujeto suficiente castigo para no llevar a cabo un acto nocivo para los individuos que conviven con el. Igualmente la no necesidad de hacerlo, a no ser por una causa en concreto, hace que los asesinatos no se lleven a cabo de forma habitual sino en casos excepcionales de supervivencia o de venganza por motivos graves.

Por otro lado Piotr Kropotkin entiende como un acto positivo de evolución y renovación en la humanidad los hechos históricos que surgieron cuando el imperio romano decayó y fue destruido. Y defiende que: “todo nuevo surgimiento comenzaba siempre desde la misma organización tribal de las sociedades salvajes”[5].

Kropotkin explica la caída del imperio romano a partir de la migración de los bárbaros como un acto de supervivencia, ya que las personas que se encontraban en estas zonas de Asia se quedaron sin recursos naturales. La desecación de ríos y lagos dio lugar a grandes migraciones de personas que se entremezclaron entre sí. En palabras de Kropotkin: “La tierra se identificaba con los habitantes. En lugar de las uniones anteriores por la sangre, crecieron las uniones territoriales, y esta nueva estructura evidentemente ofrecía muchas ventajas en determinadas condiciones.”[6].

Por otra parte en estas comunidades la tierra era propiedad de toda las personas que en estas sociedades se encontraban, y la acumulación privada de riquezas se obtenía por los lazos de parentesco, es decir, se podían obtener riquezas a partir de la herencia de los objetos de los antepasados de cada familia. Los delitos que se cometían en estas comunidades eran castigados de diferentes formas. Si se producía un delito grave, es decir, un asesinato de uno de los miembros del clan, el castigo era más severo por parte de toda la comunidad. Esta forma de actuar se asemeja de igual forma a cómo respondían o pueden responder los “salvajes” hacia tales hechos. En palabras de Piotr Kropotkin: “Los bárbaros consideraban que todo homicidio debía implicar la muerte del homicida. La familia ofendida debía cumplir, ella misma, la sentencia pronunciada o a virtud del derecho común; es decir, matar al homicida o a alguno de sus congéneres, o producir un determinado género de heridas al ofensor o a uno de sus allegados.”[7]

En la Edad Media comienzan a forjarse asociaciones o hermandades de mercaderes en las ciudades europeas. Estas asociaciones se denominan guildas y fueron creadas entre personas que compartían una serie de actividades en común para darse protección y apoyo entre ellos. Estas a su vez tenían una serie de reglas que les hacían compartir una serie de libertades comunes y derechos. Los personas que formaban parte de estas guildas se consideraban como iguales. Tenían propiedades en común y en el caso de que surgieran confrontaciones entre ellos solucionaban los problemas que surgían formando tribunales internos donde se juzgaba la importancia del delito. Dependiendo de la gravedad de la infracción consensuaban una manera de afrontar la situación que se producía. Para Kropotkin las guildas eran una prolongación de los clanes. Kropotkin explica el resurgimiento de las asociaciones comunales en la Baja Edad Media por el siguiente motivo: “Bajo la creciente diversidad de ocupaciones, oficios y artes, y el aumento del comercio con países lejanos, se requería una forma de unión que no había dado aún la comuna aldeana, y este nuevo elemento necesario fue encontrado en las guildas.”[8]

Por otro lado las guildas podían ser duraderas o por el contrario podían crearse para solucionar un problema y disolverse cuanto este problema fuera resuelto. Guildas o asociaciones se dieron lugar entre los siglos XI y XV y su función era buscar el apoyo mutuo de aquellas personas que se encontraban en situaciones determinadas que les llevaban a unirse por medio de la asociación para llevar a cabo sus actividades de una forma más “llevadera”. Se podría decir que las guildas además de autoorganizarse ellas mismas, también se autogestionaban. En palabras de Piotr Kropotkin: “La guilda de artesanos de aquellos tiempos vendía por sí misma los productos que sus miembros elaboraban, y compraban en común las materias primas para ellos, y de este modo sus miembros eran, al mismo tiempo tanto comerciantes como artesanos.”[9]

Kropotkin defiende las ciudades de la Edad Media ya que considera que a lo largo de estos siglos las ciudades eran “libres”. No se encontraban dentro de un Estado sino que estas mismas por así decirlo formaban un Estado independiente. Las ciudades de la Edad Media estaban formadas por alianzas y federaciones entre sus vecinos. Los asuntos políticos eran llevados a cabo por una asamblea popular democrática o lo que Kropotkin denomina como “familias notables” de comerciantes o de nobles a las que era adjudicado el poder o arrebatado por ellos.

Cuando el estado comenzó a intervenir en las ciudades, agrupándolas y unificándolas. Confiscando las tierras y la propiedad de las guildas, y acabando con su independencia de compra-venta. Comenzó a establecer su propia burocracia y su control, dejando a un lado el poder que podía tener las guildas de autoorganización.

“Toda comuna aldeana cayó gradualmente bajo el yugo de algún señor laico o clérigo. La casa de tal señor poco a poco se transformó en castillo, y sus hermanos de armas se convirtieron entonces en la peor clase de vagabundo mercenarios, siempre dispuestos a despojar a los campesinos.”[10] A partir de la intervención del Estado en todas las ciudades se empezó a producir la toma del control de la ciudad por parte de los señores.

Como anteriormente he explicado, el estado confisco las tierras y acabo con la independencia de los mercados. Estableció su propia burocracia y para eso también era necesario tener un control activo de cada ciudad por lo que nombro a personas afines como “controladoras” de esas ciudades medievales.

Por esa razón Kropotkin opina que la comuna aldeana “cayó”, ya que se dio el poder de control a unos pocos para que regularan todas las actividades de cada ciudad. Comenzaron entonces a expandir su doctrina, según Kropotkin: “Los jurisconsultos y el clero comenzaron a enseñar, desde el púlpito, desde la cátedra universitaria y en los tribunales, que la salvación de los hombres se encuentra en un estado fuertemente centralizado, sometido al poder semi-divino de uno o de unos pocos; que un hombre puede y debe ser el salvador de la sociedad, y en nombre de la salvación pública puede realizar cualquier acto de violencia.”[11]

A partir de la presión que el Estado reforzó para convencer a todas las personas que se encontraban con anterioridad a las comunas medievales, la población fue cambiando su mentalidad por la violencia y la represión que el Estado ejercía sobre ellos a partir de la Iglesia católica y los nobles que infundían los castigos mentales y corporales a los habitantes. Piotr Kropotkin explica esta aceptación del poder por parte de las personas de esta manera: “Lo ciudadanos comenzaron a encontrar que ningún poder puede ser desmedido, ningún asesinato lento demasiado cruel cuando se trata de la seguridad pública. Y en esta nueva dirección de las mentes, y en esta nueve fe en la fuerza de un gobernante único, el antiguo principio federal perdió su fuerza, y junto con él murió también el genio creador de las masas.”[12]

Para finalizar Kropotkin hace una crítica hacia la falta de unión con el campesinado en estas sociedades comunales de la Edad Media. Las guildas eran asociaciones donde funcionaba el apoyo mutuo entre sus miembros pero buscaban únicamente su propio beneficio y enriquecimiento propio. No contaron con la ayuda que podían ofrecerles los campesinos y dejaron de lado a este sector de la población y que provocó que los señores feudales se hicieran con el poder de las tierras y los bienes. En palabras de Kropotkin: “Separándose de los campesinos labradores, aplicaron estos principios a la vida de una manera que no fue suficientemente amplia, y privadas del apoyo de los campesinos, las ciudades no pudieron resistir la violencia de los reinos e imperios nacientes.”[13]



[1]El apoyo mutuo (Piotr Kropotkin) p. 71

[2]El apoyo mutuo (Piotr Kropotkin) p. 58

[3]La moral anarquista (Piotr Kropotkin) p. 114

[4] El apoyo mutuo (Piotr Kropotkin) p. 71

[5] El apoyo mutuo (Piotr Kropotkin) p. 74

[6] El apoyo mutuo (Piotr Kropotkin) p. 75

[7] El apoyo mutuo (Piotr Kropotkin) p. 80

[8] El apoyo mutuo (Piotr Kropotkin) p. 94

[9] El apoyo mutuo (Piotr Kropotkin) p. 103

[10] El apoyo mutuo (Piotr Kropotkin) p. 106

[11] El apoyo mutuo (Piotr Kropotkin) p. 115

[12] El apoyo mutuo (Piotr Kropotkin) p. 115

[13] El apoyo mutuo (Piotr Kropotkin) p. 110

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